Leucemia

Felicidad, el mejor remedio contra la leucemia. El testimonio de Nicolle y su mamá

Los niños suelen vivir en el presente, a diferencia de los adultos que analizan todos los escenarios posibles. Quizás eso fue lo que sucedió con Stella al recibir la noticia de que su hija Laura Nicole, con solo 12 años, tenía leucemia.

“El 13 de agosto nos dieron el resultado a las 7 de la mañana, nos despertaron con esa noticia inolvidable. Una siente como si el alma saliera del cuerpo. Yo admiro a Laura porque ella lo asimiló mucho mejor que yo”, reconoce Stella.


“Ese día me desperté porque mi mamá comenzó a llorar y salió del cuarto. Las doctoras me explicaron que yo tenía leucemia y que el tratamiento duraría 2 años, que perdería las uñas, el pelo […]no supe cómo reaccionar, pero tenía que darle fuerzas a mi mamá, por eso intenté recibirlo lo mejor que pude”; cuenta Nicole.

Después de aquel día llegaron muchas bendiciones a sus vidas y hoy ambas comparten su testimonio con BeHealth, a 2 años de esos tiempos de hospitales y quimioterapia.

¿Una bacteria o leucemia?

“Desde marzo hasta agosto la llevé varias veces al hospital, siempre me decían que era una infección en la garganta o gripe. Ella tenía ahogos, malestar de garganta y luego comenzó a sentir dolores muy fuertes en el pecho. Llegamos a pensar que era el corazón. Pero los médicos la medicaban y la regresaban para la casa una y otra vez. Estuvo meses comiendo solo gelatina hasta que finalmente el 6 de agosto la hospitalizaron”; dice Stella.

“Me dijeron que había dos posibilidades: una bacteria o leucemia, y yo como mamá me aferré a la idea de la bacteria. Nunca pensé que sería leucemia, fue un momento traumático porque cuando a uno le dicen cáncer inmediatamente lo asocia con la muerte”, agrega.

Milagros del cielo

Nicole y Stella lloran cada vez que ven la película Milagros del Cielo porque parece como si ellas hubieran protagonizado su propia versión.

“El mundo nos apoyó, estoy inmensamente agradecida con todos. No terminaría si me pusiera a nombrar cada persona que nos ayudó”, expresa la mamá.

Uno de esos milagros sucedió con su hogar.  

“A ella le diagnosticaron cáncer el 13 de agosto y pocos días después me llamaron para decirme que me iban a quitar el apartamento pues yo me había pasado varios meses sin trabajar. Con toda la situación del tratamiento de Nicole me olvidé de ese asunto y pasó alrededor de un año cuando reaccioné. Una vez que fui al banco a intentar gestionar la situación del departamento resultó que yo no aparecía en ninguna base de datos. Quizás esa persona hizo todo lo posible para que la deuda no fuera una responsabilidad inmediata al conocer la situación de mi hija”, reconoce.

La fuerza de Nicolle

“En mi colegio me querían mucho los profesores y mis compañeros. Ellos fueron un gran apoyo pues, aunque no podían visitarme en el hospital, me mandaban videos, mensajes, cartas y eso me daba mucho ánimo para seguir adelante.”

“Del tratamiento recuerdo que en la primera quimioterapia me advirtieron sobre las posibles reacciones, pero yo no sentí nada, más bien todos los síntomas que se suponía que debían darme, le dieron a mi mamá.”

“Durante el primer mes estuve hospitalizada con varias quimios y luego debía seguir con quimios ambulatorias. Pero pocos días después de salir del hospital me dio apendicitis: no podía caminar, se me inflamó el estómago. Realmente no recuerdo mucho de ese día porque me despertaba y del dolor me volvía a desmayar”, asegura la joven.

En medio de un tratamiento de quimioterapia Nicole sufrió una apendicitis. Ella y su mamá cuentan que los médicos estuvieron un día entero buscando calmar el dolor y la inflamación, además investigando qué podría ser, pues no querían operarla sin tener certeza de que se tratara de apendicitis.

Acerca de ese momento, recuerda Stella: “El médico me dijo ‘vamos a hacer este procedimiento, pero no sabemos que pueda pasar’. Los riesgos eran muy grandes en esa cirugía, podía tener un paro cardiaco, podría no sobrevivir, sin embargo, ella en medio de su dolor me tranquilizaba. Por suerte todo resultó muy bien y unos días después estaba de alta.

Sin gorro de frente al mundo

“Un día estando en quimioterapia conocí a una niña que me enseñó una lección muy importante. Me dijo que la belleza no estaba en el físico y que nosotras éramos unas guerreras. En ese momento eran las palabras que necesitaba escuchar, pero aún no sentía la fuerza para mostrarle al mundo cómo era sin gorro. No me podía ni mirar al espejo, sin cabello me sentía horrible, la única persona que sabía cómo era yo era mi mamá”, declara Nicolle.

“Sin embargo, una noche uno de los enfermeros de la clínica nos contó que lamentablemente ya aquella niña no estaba entre nosotros. En ese momento recordé sus palabras y dije hasta aquí llegaron mis gorros. Ya no me interesaba que el mundo me viera sin pelo o que me juzgaran. Nunca volví a usar gorro”, dice orgullosa.

El mensaje de Nicolle y Stella

Aún Nicolle no se encuentra en remisión, faltan 2 años para eso, pero reconoce que se siente sana y ha tenido un gran aprendizaje de esta vivencia.

“Desde mi experiencia le podría decir a las personas que acaban de ser diagnosticadas o que tiene algún familiar con leucemia que vivan cada día como si fuera el último, que no se amarguen, que abracen mucho y en especial no se den por vencidos, el cáncer no tiene por qué ser sinónimo de muerte, uno puede salir de eso”, dice Nicolle.

Por su parte asegura Stella: “Es una noticia fuerte, pero mientras estemos con nuestros chiquitos, brindémosle toda la felicidad del mundo porque el mejor remedio en esta enfermedad es estar feliz. Para nosotras es maravilloso compartir nuestra experiencia y hacer saber que se aferren a su fe, no importa en el dios que crean”.

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