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Obesidad y cáncer: el peligro de la grasa oculta

Un porcentaje elevado de grasa corporal oculta, incluso con un peso aparentemente normal, activa una inflamación celular crónica vinculada al desarrollo de cáncer

El espejo y la báscula suelen ocultar una amenaza silenciosa: tener un peso «normal» no garantiza protección frente a enfermedades crónicas ni oncológicas. La ciencia médica contemporánea confirma que el tejido graso blanco no es un simple depósito inerte de calorías, sino un órgano metabólicamente activo capaz de desencadenar procesos inflamatorios severos vinculados al desarrollo de al menos 13 tipos de cáncer, incluidos mama, colon, endometrio, próstata y páncreas.

Durante décadas, el Índice de Masa Corporal (IMC) sirvió como estándar de salud. Sin embargo, depender exclusivamente de este cálculo deja a muchos pacientes desprotegidos. Una persona con un peso aparentemente adecuado puede albergar niveles peligrosos de grasa visceral acumulada alrededor de sus órganos internos, una condición conocida como obesidad metabólica con peso normal u obesidad por composición.

«Hay un tipo de obesidad que no tiene que ver con el peso, sino con la composición corporal. Puedes estar en tu peso ideal en la báscula, pero tener un porcentaje de grasa patológico que ya genera inflamación en tus tejidos», explicó la licenciada en nutrición Carmen Nevárez.

Los consensos clínicos fijan el umbral de obesidad a partir del 35% de grasa corporal en mujeres y entre el 20% y 22% en hombres. Cuando esos valores superan el 40% y el 32% respectivamente, el riesgo de mortalidad general se dispara, independientemente de lo que marque la balanza. Este exceso de tejido graso también dificulta la nitidez de estudios de imagen como ecografías y tomografías, lo que entorpece la detección temprana y complica las intervenciones quirúrgicas.

El riesgo oncológico comienza cuando las células grasas (adipocitos) aumentan de tamaño y superan su aporte de oxígeno. Esta falta de irrigación genera un estrés celular que libera radicales libres y lesiona el material genético (ADN).

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En respuesta, el sistema inmunológico cambia de bando: en lugar de enviar defensas reparadoras, recluta macrófagos proinflamatorios que vierten citoquinas de manera constante al torrente sanguíneo. Esta inflamación crónica de bajo grado, sumada a la resistencia a la insulina y al alza de hormonas como los estrógenos, neutraliza los mecanismos de defensa naturales del organismo, apaga la autodestrucción celular programada (apoptosis) y le abre la puerta a la proliferación de células tumorales.

Para la especialista, la meta primaria no consiste en perder libras de forma acelerada, sino en desinflamar el organismo y reducir el volumen del adipocito:

  • Combinar cardio con pesas: El entrenamiento de fuerza es indispensable. La contracción del músculo moviliza la grasa profunda, emite sustancias antiinflamatorias al sistema y reactiva la capacidad defensiva del sistema inmunitario contra anomalías celulares.

  • Controlar la sobrenutrición: Comer en exceso genera acumulación de grasa incluso cuando se eligen alimentos catalogados como «saludables», especialmente en personas con rutinas sedentarias.

  • Nutrición rica en fibra y protectores: Aumentar el consumo de vegetales de hoja verde (espinaca, acelga), cúrcuma y aguacate aporta fitoquímicos clave. La fibra soluble, por su parte, regula los picos de glucosa y cuida la microbiota intestinal.

  • Grasas antiinflamatorias seguras: Ante la preocupación por la presencia de metales pesados en ciertas especies marinas de gran tamaño, los expertos sugieren obtener ácidos grasos omega-3 mediante semillas de chía, linaza molida, aceite de oliva virgen extra o suplementos certificados libres de contaminantes.

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Especialistas recalcan que el abordaje de la adiposidad oculta requiere también un cambio de paradigma social: dejar de culpar de forma aislada la fuerza de voluntad del paciente y exigir entornos que faciliten el acceso equitativo a alimentos frescos, espacios de movimiento y diagnósticos de composición corporal en la atención primaria.

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