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Cáncer de testículo: qué es, síntomas y cómo se diagnostica

El cáncer de testículo es uno de los cánceres más tratables, con una tasa de curación cercana al 100% (menos del 1% de mortalidad). El cáncer de testículo es un cáncer relativamente raro, pero es la forma más común de cáncer en hombres jóvenes y adolescentes entre la pubertad y los 45 años, con una edad media de diagnóstico de 37 años. Afecta a uno de cada 20.000 hombres. Este cáncer aumenta constantemente y su incidencia ha aumentado.

Clasificación

Los cánceres de testículo se clasifican en dos grandes categorías: seminomas y «no-seminomas» (que incluye todas las demás formas). Los seminomas son más comunes en los hombres mayores, mientras que los no-seminomas son más comunes en los hombres jóvenes.


La única forma de confirmar el tipo de cáncer es extirpar quirúrgicamente el testículo para su análisis. Esta operación se llama orquiectomía total. Se realiza a través de una incisión en la ingle.

En casi todos los casos, solo un testículo está afectado. Muy a menudo, es el descubrimiento de una masa sospechosa durante la palpación de los testículos lo que hace sonar la alarma.

El cáncer de testículo es una forma de cáncer que responde bien al tratamiento (el 95% de los hombres se recuperan de él). Sin embargo, el tratamiento, ya sea mediante cirugía, radioterapia o quimioterapia, conlleva un riesgo de infertilidad.

Síntomas

En la gran mayoría de los casos, el paciente descubre el tumor al palparlo.

Siente una pequeña, dura e indolora masa localizada en la glándula o una masa que la rodea. El volumen de la bolsa puede aumentar. Sin embargo, una masa en el testículo no indica la presencia de cáncer.

Además, hay otros signos clínicos vinculados a la presencia de un tumor en el testículo, incluidos los problemas de fertilidad. Es por eso que algunos hombres pueden descubrir este cáncer durante un chequeo de hipofertilidad. Por último, pero en muy raras ocasiones, la presencia de ganglios linfáticos o trastornos digestivos pueden ser signos de la aparición de un tumor secundario o metástasis.

Diagnóstico

Precisa una ecografía escrotal bilateral, es decir, una ecografía de ambos testículos. Este examen de imágenes indoloro permite visualizar la masa sospechosa y medir su tamaño. Si la sospecha de cáncer se refuerza con la ecografía, la evaluación se completa con la medición de varios marcadores tumorales (α fetoproteína, hCG total y LDH), cuyo nivel se correlaciona con la evolución del tumor.

En el curso posterior del tratamiento, su ensayo permite vigilar la eficacia del tratamiento y detectar una recaída. Dependiendo de los resultados de la ecografía y del nivel de marcadores tumorales en la sangre, el médico de cabecera remite al paciente a un urólogo especializado. Es común que el paciente sea referido a tal especialista tan pronto como la masa dura es palpada.

Cuando el ultrasonido escrotal confirma la presencia de una masa, incluso si el nivel de marcadores tumorales es normal, el médico sabe que la masa es casi seguramente cancerosa. Los tumores testiculares benignos son realmente excepcionales. Sin embargo, sólo un examen anatomopatológico puede hacer el diagnóstico, lo que requiere la extirpación del testículo.

Por lo tanto, el urólogo ve al paciente para explicarle sus sospechas con respecto al diagnóstico de cáncer y para explicarle el procedimiento quirúrgico y sus riesgos inherentes. El urólogo extirpará quirúrgicamente el testículo para un examen patológico de la masa. Este procedimiento, que se realiza a través de una incisión en el pliegue inguinal, es también un paso importante en la elección del tratamiento.

Tratamiento

El tratamiento terapéutico depende del tipo histológico, del estadio del tumor y de los estadios metastásicos de los niveles de marcadores. Cada una de estas etapas requiere un protocolo de tratamiento específico.

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