Cáncer de pulmón

Cáncer de pulmón, todo lo que debes saber

Los pulmones son dos y son los órganos, situados en el pecho, responsables de la transferencia de oxígeno desde el exterior al torrente sanguíneo y de dióxido de carbono en dirección opuesta.

Puede desarrollarse a todos los niveles, dando lugar a una masa que obstruye el flujo adecuado de aire; causando la erosión de los vasos y, por lo tanto, provocando hemorragias o en contacto con la pared torácica u otras estructuras que causan dolor.

No hay un solo tipo de cáncer de pulmón (los tipos dependen del tejido involucrado). El pulmón también puede ser un sitio de metástasis de otros órganos.

Tipos de cáncer de pulmón

Existen dos tipos principales de cáncer de pulmón, que responden a más del 95 por ciento de los diagnósticos y se comportan y responden a las terapias de forma bastante diferente. El cáncer de pulmón de células pequeñas y el cáncer de pulmón de células no pequeñas, que es el más frecuente; corresponde a casi el 85 por ciento de los tumores recién diagnosticados.

Ambos tipos se originan en el tejido epitelial que recubre las estructuras pulmonares. El carcinoma de células no pequeñas se divide en tres subtipos: carcinoma de células escamosas, adenocarcinoma y carcinoma de células grandes.

El adenocarcinoma de pulmón es actualmente el tipo más frecuente; también es la forma más diagnosticada en los no fumadores (representando alrededor del 20% de todos los pacientes con esta enfermedad). Entre las formas de cáncer de pulmón que no se originan en el tejido epitelial están las formas sarcómicas o el linfoma pulmonar.

Síntomas del cáncer de pulmón

En los primeros estadios, el cáncer de pulmón puede ser completamente asintomático y hay casos que se diagnostican durante exámenes (radiografía de tórax) realizados por otras razones.

Hay algunos síntomas que, si se presentan, deben ser discutidos con su médico de cabecera: voz ronca, tos persistente, dificultad para respirar, dolor de pecho, pérdida de peso (no relacionada con una dieta) y apetito, fatiga persistente, presencia de sangre en el esputo.

Sin embargo, hay que ser claro: estos síntomas, cuando se presentan, no siempre representan la señal de un tumor. El cáncer de pulmón puede propagarse a otros órganos (metástasis) y, por lo tanto, dar lugar a trastornos relacionados con estos sitios de la enfermedad, incluyendo ictericia (hígado), dolor de huesos (huesos), dolor de cabeza y mareos (cerebro).

Diagnóstico del cáncer de pulmón

El diagnóstico correcto del cáncer de pulmón solo puede hacerse después de una biopsia, que es la etapa final de un procedimiento que comienza con una visita al médico de cabecera. Continúa con una consulta con el especialista (neumólogo u oncólogo) y se profundiza mediante el uso de imágenes diagnósticas o la broncoscopia.

La broncoscopia, además de permitir la realización de la biopsia, es también el examen que permite al neumólogo visualizar el interior de los bronquios mediante un tubo de fibra óptica que se inserta a través de la cavidad oral o a través de la nariz, después de la anestesia local.

La radiografía de tórax, la tomografía computarizada, la gammagrafía ósea y la resonancia magnética son los exámenes que se utilizan. Todos (a discreción del especialista y no necesariamente todos) para definir la extensión de la enfermedad.

Tratamientos

La elección de la terapia depende principalmente del tipo de enfermedad con la que se está tratando, así como del estado del paciente.

Cirugía

La cirugía es la opción prioritaria cuando se trata de un paciente con un tumor de células no pequeñas, siempre que la enfermedad se encuentre en una fase temprana; por lo tanto, no haya dado lugar ya a metástasis (lo cual es frecuente, aunque no siempre se identifica en el momento del diagnóstico).

La intervención consiste en la extirpación de una porción (más o menos grande) del pulmón afectado por la enfermedad. Es necesario comprobar la capacidad respiratoria del sujeto en cuestión antes de proceder. La hipótesis quirúrgica se utiliza muy raramente en pacientes con tumores de células pequeñas.

Quimioterapia

El tratamiento con drogas quimioterapéuticas, tomadas por vía oral o intravenosa, tiene como objetivo suprimir selectivamente las células cancerosas. Sigue siendo el más utilizado en los pacientes con cáncer de pulmón. La quimioterapia se utiliza para tratar tanto los cánceres de células pequeñas como los que no lo son, si son inoperables (y por lo tanto avanzados).

También puede utilizarse, con o sin la asociación con la radioterapia, en forma neoadyuvante (antes de la cirugía) o adyuvante (después de la cirugía). Teniendo en el primer caso la finalidad de reducir la masa tumoral que se ha de extirpar luego quirúrgicamente (o que se ha de tratar con radioterapia). En el segundo, la finalidad de reducir las posibilidades de recaída de la enfermedad después de la extirpación quirúrgica.

Radioterapia

La radioterapia implica el uso de radiación de alta energía para destruir las células cancerosas. Los equipos modernos permiten dirigir la radiación de una manera extremadamente específica y precisa, salvando al máximo las estructuras circundantes.

La radioterapia puede utilizarse en combinación (antes o después de la cirugía, como se ha explicado anteriormente) o después de la quimioterapia. También se utiliza en el cerebro para reducir el riesgo de posibles metástasis (radioterapia cerebral profiláctica) o para tratar estas metástasis.

La radioterapia también está destinada a utilizarse con fines paliativos (en casos de enfermedad avanzada).

Terapia biológica

El uso de drogas de objetivo molecular entra dentro del concepto de medicina de precisión, es decir, el tratamiento de un paciente no sólo sobre la base de sus características y las de su enfermedad, sino también «atacando» objetivos precisos presentes en las células cancerosas.

Los objetivos más conocidos para los que ya se dispone de medicamentos para el tratamiento del cáncer de pulmón son el EGFR y el ALK.

La inmunoterapia se estudia ahora ampliamente en el tratamiento del cáncer de pulmón, y se utiliza actualmente en la terapia de segunda línea (es decir, después de la quimioterapia previa) para los pacientes que sufren de cáncer de pulmón de células escamosas no pequeñas en un estadio avanzado.

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